
Invierte en México con certeza y confianza en un nuevo entorno de oportunidades
Hay momentos en los que una señal pública sirve para poner sobre la mesa conversaciones que ya estaban ocurriendo en privado. Este es el caso de la reciente comunicación del Servicio de Administración Tributaria sobre la repatriación de capitales pues se trata de un programa específico que da mejores condiciones para el reingreso de recursos y al mismo tiempo es un mensaje de que México quiere atraer inversión, quiere que el capital regrese y, sobre todo, quiere que se quede y genere valor.
A muchas empresas e inversionistas este anuncio les hace cuestionarse si este es el mejor momento para invertir o establecer operaciones en México. La respuesta está en cómo se toma la decisión y en la forma en que se ejecuta, pues México lleva años siendo un país atractivo para los negocios por su ubicación, su red de tratados y su base industrial; sin embargo, también es un entorno que exige ser entendido, pues invertir aquí no es complejo, pero sí requiere claridad.
Muchas expansiones internacionales se complican no porque el modelo de negocio sea incorrecto, sino porque el aterrizaje se hizo con prisa o con piezas que no terminaban de encajar. Cuando la estructura inicial no responde al negocio real, las consecuencias aparecen rápido: ajustes legales, reestructuras fiscales, retrasos operativos y decisiones que se toman más para corregir que para crecer.
De ahí la importancia del Softlanding que es una forma de pensar la entrada a un país con mayor conciencia y menos improvisación. Implica detenerse antes de actuar, entender el negocio, anticipar cómo va a operar en un nuevo entorno y construir una base sólida desde el primer día, alineada tanto a la regulación local como a la estrategia global.
Un Softlanding bien planteado obliga a preguntarse desde el inicio cómo se moverán los recursos, qué obligaciones existen, cómo se integrará la operación mexicana al grupo global y qué tan preparada está la organización para operar localmente. En este punto, el acompañamiento integral se vuelve una necesidad, ya que fragmentar las decisiones legales, fiscales, contables y laborales suele generar desalineación y una operación difícil de coordinar.
Aquí es donde el enfoque de Baker Tilly da valor a las empresas pues parte de una idea simple, pero poderosa: entender el negocio antes de estructurarlo y acompañarlo de forma integral. El proceso inicia con un diagnóstico que permite conocer a fondo el modelo de operación, la industria, los objetivos y el tipo de presencia que se busca en México para evitar así soluciones genéricas.
Este acompañamiento cobra especial relevancia porque las empresas llegan a México con diferentes objetivos: algunas buscan importar y comercializar productos, otras establecer operaciones de manufactura, centros de servicios o plataformas tecnológicas.
En ese sentido, el anuncio del SAT debe leerse como un punto de partida, como una señal de oportunidad que para aprovecharla hay que ir más allá del incentivo, hay que pensar en cómo estructurar una inversión que pueda operar con tranquilidad y sostenerse en el tiempo.
El primer paso no es decidir, sino entender, por eso un diagnóstico inicial permite identificar riesgos, dimensionar oportunidades y trazar una ruta clara para la expansión en México. En Baker Tilly, ese diagnóstico es el punto de partida para ofrecer un acompañamiento personalizado, pensado para dar certeza desde el primer día.
Invierte en México con certeza y confianza.